Imprimir

Lanzaderas y terapia génica contra la ataxia de Friedreich

La terapia génica, tras un largo período de estancamiento, está empezando a demostrar su potencial viabilidad en múltiples enfermedades, especialmente de carácter monogenético. Una de sus limitaciones cuando estas enfermedades afectan al sistema nervioso es su dificultad por atravesar la barrera hematoencefálica, algo que podría solucionarse mediante lanzaderas peptídicas. El IRB Barcelona, desde Barcelona, y el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, desde Madrid, han sumado esfuerzos para reunir ambas tecnologías en la lucha contra la ataxia de Friedreich. El impulso de organizaciones de pacientes está resultando decisivo.

La terapia génica, una de las grandes promesas de la medicina basada en los genes, va recuperando poco a poco su protagonismo tras un larguísimo período de revisión conceptual y metodológica. Una más que discutible eficacia, ligada a problemas de seguridad, la llevaron a una suspensión temporal tras la que se han empezado a obtener éxitos relativos acompañados de una creciente recuperación de la credibilidad perdida. Los ensayos clínicos, regidos por un estricto protocolo, empiezan a ser ya, aunque bajos en número, moneda corriente.
 
portada

Imagen de neuronas de ratones con el gen de la frataxina transferido. En amarillo, se aprecia la localización de la proteína frataxina en neuronas. Foto: Laboratorio Prof. Díaz-Nido, CMB

 

Esta es justamente la esperanza que tienen depositada organizaciones de familiares de pacientes de ataxia de Friedreich de todo el mundo. Esta rara y minoritaria enfermedad, que afecta a 2 de cada 50 000 personas, el doble en España, y que cursa con una progresiva pérdida del equilibrio, pérdida de sensibilidad, descoordinación en los movimientos, escoliosis y a menudo diabetes y cardiopatías graves, es debida a una deficiencia de la proteína frataxina que lleva a un deterioro progresivo del cerebelo y ganglios espinales dorsales.
 
El déficit de frataxina es consecuencia de la mutación de un único gen, el FXN, localizado en el cromosoma 9. La enfermedad que desencadena es hereditaria, suele aparecer entre los cinco y doce años de edad y, además del proceso neurodegenerativo, se acompaña de una pobre expectativa de vida.
 
 

Tecnologías complementarias

Imagen

Neurona de Purkinje de cerebelo de ratón en cultivo primario. La obtención de estas células a partir de pacientes con enfermedades neurogenéticas (como la ataxia de Friedreich) constituye una plataforma para el desarrollo de nuevos modelos celulares, así como una fuente de células para ensayos de terapia celular. Foto: Laboratorio Prof. Díaz-Nido, CMB

 

No hay cura conocida para esta forma de ataxia y apenas hay tratamiento que palíe alguna de sus graves consecuencias. Sin embargo, desde que se conoció su origen monogenético, la terapia génica, hoy más madura, se ha constituido como la gran esperanza. Javier Díaz Nido, investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CMB), en Madrid, es uno de los grandes referentes internacionales en la puesta a punto de esta opción terapéutica.
 
Su aproximación se basa en el uso de herpes virus como contenedor del gen que codifica para la frataxina. El tamaño del “vehículo de transporte” es grande, pero tiene una clara justificación: da cabida al gen FXN al completo, cosa que permite que codifique para las distintas isoformas de la proteína que precisa el ciclo vital de la célula. Otros virus de menor tamaño, probablemente más apropiados en terapia génica, no admiten esta posibilidad.
 
El laboratorio de Díaz Nido ha logrado que el herpes virus con su nueva carga genética sea plenamente funcional en cultivos celulares de personas enfermas. Pero por sus características, no puede atravesar la barrera hematoencefálica, la selectiva barrera de defensa del cerebro frente a los tóxicos que circulan por el torrente sanguíneo y que, a menudo, dificultan la acción de muchos fármacos.
 
 

Plataforma internacional

Una posible solución para salvar este escollo son las llamadas lanzaderas peptídicas, péptidos que tienen la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica y que pueden unirse a la superficie del virus. Esta propuesta, ya en marcha, fue promovida hace ya más de cuatro años por la plataforma española de familiares de pacientes GENEFA, que puso en contacto al grupo de Díaz Nido con el grupo de Ernest Giralt en el Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona, donde se está trabajando desde hace años en esta línea, con la dirección de Meritxell Teixidó.
 
Del contacto propiciado por GENEFA, recuerda Teixidó, surgió una “propuesta de investigación básica” que, pese al interés de todas las partes, carecía de recursos económicos para echar a andar. Y fue justamente “el entusiasmo” de GENEFA y su gran capacidad movilizadora la que ha logrado que ambas tecnologías pudieran fusionarse en lo que podría ser una solución definitiva para la ataxia de Friedreich.
 
La unión de los dos centros de investigación y la capacidad de la plataforma permitieron desarrollar un sólido proyecto que atrajo la atención de la estadounidense The Friedreich's Ataxia Research Alliance (FARA), http://www.curefa.org/ de gran potencia organizativa y, sobre todo, económica.
 
El pasado mes de enero se firmó con esta organización, que financia proyectos de investigación, un acuerdo de colaboración que incluye a los dos grupos científicos y a la plataforma GENEFA, además de otras organizaciones.
 
Gracias al acuerdo suscrito, se ha iniciado un proyecto de investigación financiado con 300 000 euros durante tres años para la puesta a punto de una terapia génica basada en herpes virus y lanzaderas peptídicas para combatir la ataxia de Friedreich. Si se cumplen las previsiones, apunta Teixidó, antes de las próximas navidades la tecnología resultante de esta unión debería verificarse en modelos animales e iniciar el camino de investigación preclínica que finalmente desemboque en un eventual ensayo clínico.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Spanish English French German Italian Portuguese Russian